Busca la Osa Mayor en el cielo nocturno. Encuentra el "cazo" — las siete estrellas que todos reconocemos. Ahora mira el mango, la parte del palo. La estrella del medio se llama Mizar.
Ahora mira con atención. ¿Ves algo justo al lado?
Si tienes buena vista, verás una pequeña estrella pegada a Mizar, casi imperceptible. Esa estrella se llama Alcor.
Si no la ves... quizás deberías ir al oculista.
Hace más de dos mil años, los persas descubrieron que distinguir Mizar de Alcor a simple vista era una prueba fiable de agudeza visual. La idea era sencilla y brutal: si no ves bien, no puedes ser arquero.
La tradición pasó de los persas a los griegos, y de los griegos a los árabes, que la convirtieron en práctica habitual en sus ejércitos medievales.
El protocolo era claro:
"Es, en toda regla, el primer psicotécnico de la historia."
Carlos V retomó esta tradición cuando creó el cuerpo de Arqueros de la Cuchilla, precursores de la Guardia de Corps española.
Los árabes tenían una razón añadida para ser exigentes con la vista de sus arqueros: el código de honor de la batalla prohibía herir a los caballos enemigos.
El tiro debía ser preciso. El arquero tenía que acertar al jinete, no al caballo. Para eso se necesitaba una vista excepcional.
Por eso llamaban a estas dos estrellas "el caballo y el jinete": Mizar era el caballo, brillante y fácil de ver. Alcor era el jinete, pequeño y esquivo. Si podías distinguir al jinete del caballo en el cielo, podías distinguirlos también en el campo de batalla.